Miguel CanoArchivo editorial y presencia en medios
Gestión pública

Rendición de cuentas que se siente: cuando los datos bajan al territorio

Publicado originalmente en El Nuevo Diario · Marzo 2026

Cada 27 de febrero la patria nos obliga a mirar más allá del ceremonial. No basta con celebrar la Independencia; hay que honrarla con resultados. En democracia, rendir cuentas no es un acto simbólico: es una obligación. Y la Rendición de Cuentas de este año deja una idea central que conviene subrayar: la República Dominicana no solo está creciendo; está intentando crecer con dirección clara, con prioridades y con una ruta que mira a la Meta RD 2036.

Pero hay una verdad que la gente repite con razón: crecer no siempre significa vivir mejor. Ese es el reto. Por eso tiene sentido que el presidente planteara, sin adornos, que hoy no basta con crecer: importa cómo crecemos y para quién crecemos. Porque si los números no se convierten en bienestar tangible —en salud, empleo formal, movilidad y oportunidades— terminan siendo solo titulares.

Y si hablamos de bienestar tangible, la salud pública debe estar al centro de cualquier rendición de cuentas. Porque una obra vial mejora una ruta; una obra de salud puede mejorar —o salvar— una vida. En 2025 se inauguraron, construyeron, ampliaron o rehabilitaron 30 establecimientos de salud con una inversión superior a RD$2,659 millones. Ese dato importa, no por el titular, sino por lo que significa: más centros, más cercanía y más dignidad para miles de familias que históricamente han tenido que resolver “como puedan”.

A esa expansión de infraestructura se suma la modernización: se reporta inversión superior a RD$3,778 millones en equipos, y la dotación de 92 centros con nuevos equipos, con una inversión adicional de RD$632 millones. En otras palabras: no es solo cemento, es cemento con capacidad de funcionar, que es lo que realmente transforma la experiencia de la gente cuando llega a un hospital o a un centro de atención.

Y el impacto no se mide solo en inauguraciones; se mide también en resultados. Se reporta una reducción de la mortalidad infantil de 18.9% y de la neonatal de 15.3%. En prevención, hay un dato potente: en 2025 el país cerró con cero muertes por dengue, con 320 casos registrados. Y en un tema social que define futuro, el embarazo adolescente se redujo 56.5%, al pasar de 27,476 en 2021 a 11,961 en 2025. Estos indicadores no son “números fríos”: son vidas, son familias, son oportunidades que no se truncan.

Dicho esto, hay cifras económicas y sociales que también pesan. En 2025, el Ministerio de Obras Públicas ejecutó RD$47,290 millones, el monto más alto en los últimos 12 años, y se concluyeron 69 obras con una inversión superior a RD$33,732 millones. Cuando esa inversión se coloca bien, se traduce en conectividad, en comercio que se mueve y en comunidades que dejan de sentirse lejos del Estado.

En lo social, los indicadores marcan dirección: la pobreza general bajó de 19% a 17.3% y la extrema de 2.4% a 2.2%, lo que equivale a más de 200 mil dominicanos que salieron de la pobreza en un año. A esto se suma la creación de 74 mil nuevos empleos formales y el aumento de 20% del salario mínimo del sector privado. No son cifras para triunfalismos, pero sí para reconocer que el crecimiento, cuando se orienta, puede producir impacto.

En el plano productivo, 2025 cerró con exportaciones cercanas a US$16 mil millones, con un crecimiento de 14.4% respecto a 2024 y de 42.3% frente a 2019. Por primera vez el país captó más de US$5 mil millones en inversión extranjera directa. La minería registró un récord de US$2,600 millones en exportaciones, con un crecimiento del 52%. Y el turismo alcanzó 11.7 millones de visitantes, consolidándonos como el segundo destino turístico de América Latina. En términos simples: producción, inversión y confianza son el motor de la economía real.

También hay señales en el eje ambiental, que siempre termina conectando con salud y calidad de vida: de una sola empresa de disposición final en 2021 se pasó a nueve en 2025, y se movilizaron RD$2,500 millones en infraestructura ambiental. Lo ambiental dejó de ser un discurso decorativo; hoy tiene que ser una política pública que proteja comunidades.

Pero rendir cuentas no es solo enumerar logros: es sostener credibilidad. Y la credibilidad se sostiene con reglas claras y consecuencias. Por eso, cuando se afirma que “en este gobierno no hay intocables” y que “nadie está por encima de la ley”, el país no necesita frases; necesita consistencia. Lo más importante de esa línea es que, en los casos detectados, el Estado se constituya en actor civil para recuperar recursos. Ese mensaje es simple: lo público no es de nadie; es de todos.

Y hay un detalle político que refuerza la narrativa: al día siguiente del discurso, el presidente bajó al territorio con agenda de obras en la región Este. Gobernar no es solo hablar; es ejecutar. Lo mismo se vio en Gaspar Hernández ante las inundaciones: ahí el país mira menos el titular y más la capacidad de responder, indemnizar, reubicar con dignidad y, sobre todo, prevenir para que no se repita.

Mi conclusión es directa: Meta RD 2036 no se alcanza con entusiasmo; se alcanza con ejecución e institucionalidad. Y con un principio innegociable: el gobierno rinde cuentas, pero la ciudadanía tiene derecho —y deber— de exigirlas. Si el 27 de febrero es el día para hablarle al país, los otros 364 son para cumplirle.