Mario José Redondo Llenas cumplió 30 años de condena por el asesinato de José Rafael Llenas Aybar.
Treinta años. La pena máxima que permite nuestro sistema penal.
Y eso hay que decirlo sin matices: cumplió.
No hay privilegio. No hay reducción. No hay atajo. Es el cumplimiento íntegro de una sentencia. Y en un Estado de derecho, eso es lo que corresponde.
Pero que haya cumplido no significa que todo esté resuelto.
Porque hay una diferencia que no se puede ignorar: una cosa es saldar una deuda con la ley… y otra muy distinta es saldar una deuda con la sociedad.
La ley fija plazos.
La memoria no.
Este no es un caso cualquiera. Es un hecho que marcó a una generación completa. Los que éramos niños en ese momento crecimos con esa historia como referencia del límite más oscuro de la violencia. Y quienes no lo vivieron, lo conocen igual. No es solo un expediente cerrado; es una herida que el tiempo no ha logrado borrar.
Por eso, la discusión no es si debe salir.
Eso ya está decidido.
La discusión es qué significa realmente que salga.
Porque cumplir una condena no convierte automáticamente a una persona en alguien aceptado socialmente. La ley otorga libertad, pero no puede imponer olvido. No puede exigir confianza. No puede reescribir lo que quedó grabado en la conciencia colectiva.
Y aquí es donde conviene ser claros, aunque incomode:
La sociedad dominicana no está preparada para la reinserción de Mario José Redondo Llenas.
No por capricho. No por ignorancia.
Sino por la gravedad de lo ocurrido.
Hay hechos que superan cualquier cálculo de tiempo. Hechos que no se diluyen con los años.
Hechos que permanecen.
Y este es uno de ellos.
Se podrá argumentar —con razón— que todo el que cumple una condena tiene derecho a una segunda oportunidad. Pero ese derecho, en la práctica, no depende solo de una sentencia cumplida. Depende también de la capacidad de una sociedad de aceptar, procesar y, eventualmente, dejar atrás.
Y aquí esa capacidad no existe.
No estamos ante un rechazo pasajero. Estamos ante una memoria persistente.
Por eso, decir que Mario recupera su libertad es correcto. Pero decir que puede reinsertarse como si nada hubiera pasado, no lo es.
Porque la reinserción no es un acto administrativo. Es un proceso social.
Y en este caso, ese proceso no está dado.
No se trata de pedir más castigo.
Eso ya ocurrió.
Se trata de reconocer una realidad: hay crímenes cuyo impacto no termina cuando termina la condena.
Mario sale de prisión habiendo cumplido con la ley.
Pero sale a una sociedad que no ha pasado página.
Porque hay libertades que se recuperan en los tribunales, pero no en la conciencia de un país.
Mario saldrá libre porque la ley así lo manda.
Pero no saldrá absuelto de la memoria dominicana.
Especialista en marketing y gestión de proyectos públicos
Columnista de opinión en El Nuevo Diario.