Hay temas en los que guardar silencio también es una forma de tomar posición. Y este es uno de ellos.
Con el debate sobre la mina Romero, en San Juan no se vale mirar para un lado, esperar que otros hablen o esconderse detrás de lo políticamente correcto. Aquí hay que asumir posición. Y la mía es clara: San Juan quiere agua, no oro.
Lo digo así porque esta provincia no puede confundirse en lo que está primero. San Juan no es una provincia cualquiera. Es una provincia cuya vida productiva está atada al campo, al riego, al trabajo agrícola y al uso eficiente del agua.
Ahora bien, decir San Juan quiere agua, no oro no es cerrar los ojos ni rechazar por rechazar. Al contrario. Yo sí creo que los estudios deben hacerse. Y lo digo con claridad, para que no haya confusión. Que se hagan. Que fluyan. Que se profundicen. Que se revise todo lo que haya que revisar. Pero que se haga con rigor, con independencia, con transparencia y con credibilidad.
Porque aquí no se puede improvisar. Aquí no se puede cumplir un simple trámite. Aquí no se puede usar un estudio para justificar una decisión ya tomada. Aquí hay que conocer la verdad.
Y además hay un punto importante: al día de hoy, lo que existe sobre Romero no es un permiso de explotación. El propio presidente Luis Abinader dijo que Gold Quest no cuenta con permiso de explotación en San Juan, que lo único autorizado hasta ahora es la realización del estudio ambiental y que, si ese estudio arroja un impacto negativo, el proyecto no será aprobado.
Eso, para mí, obliga a una sola ruta responsable: que hablen los estudios, pero que hablen con verdad.
Porque la pregunta de fondo no es cuánto puede prometer una mina. La pregunta de fondo es otra: si pone o no en riesgo el agua, la agricultura y el equilibrio ambiental de San Juan.
Ese es el centro real de esta discusión.
Porque sin agua no hay agricultura. Sin agua no hay producción. Sin agua no hay seguridad para nuestra gente. Y sin agua, a San Juan se le toca el corazón.
Por eso vuelvo al punto de partida: San Juan quiere agua, no oro. No como consigna vacía. No como frase de ocasión. Sino como una definición de prioridad.
Aquí no se trata de estar en contra del desarrollo. Se trata de defender el desarrollo correcto. Y en una provincia como la nuestra, el desarrollo correcto no puede comenzar poniendo en duda el recurso que sostiene la vida de todo un pueblo.
Yo no estoy planteando una negativa irracional. No creo en los extremos. Creo en la responsabilidad. Y precisamente por eso respaldo que se hagan los estudios y que sus resultados se conozcan completos, sin maquillaje y sin medias verdades.
Si esos estudios, hechos con seriedad y bajo verdadero escrutinio, demuestran que no existe daño real para el agua, para la producción agrícola y para la estabilidad ambiental de San Juan, entonces la discusión tendrá que darse con responsabilidad.
Pero si esos estudios dicen lo contrario, también hay que dejarlo claro desde ahora: nos van a tener de frente.
Porque San Juan no puede hipotecar su base productiva. Porque San Juan no puede negociar alegremente su recurso más valioso. Porque San Juan no puede permitirse un error en un tema tan delicado.
Por eso mi posición es firme: San Juan quiere agua, no oro. Y precisamente por eso, que se hagan los estudios.
Que hablen los técnicos. Que hablen los datos. Que hable la verdad.
Y cuando esa verdad esté sobre la mesa, entonces sí: que San Juan decida con responsabilidad, con conciencia y con el futuro en la mano.
Miguel Cano
Columnista
@miguelcanord
www.miguelcanord.com