Política partidaria

El mérito político también debe tener un asiento en la Dirección Ejecutiva del PRM

Una reflexión sobre la ampliación de la Dirección Ejecutiva del PRM y la importancia de reconocer el mérito, la capacidad, el liderazgo y la visión de futuro.

Miguel Cano
Por Miguel CanoColumna de opinión
Julio 2026
6 min de lectura
Columna de opinión

Hay un momento en la vida de todos los partidos en el que deben decidir si quieren administrar el éxito o construir el futuro.

El Partido Revolucionario Moderno acaba de llegar a ese momento.

La decisión de ampliar su Dirección Ejecutiva de 60 a 65 integrantes parecería, a simple vista, una reforma estatutaria más. Cinco nuevos asientos. Cinco nuevos dirigentes. Cinco nuevas designaciones.

Sin embargo, la historia demuestra que las decisiones aparentemente pequeñas suelen revelar la verdadera visión de una organización política.

La pregunta que hoy tiene delante el PRM no es quién ocupará cinco nuevas posiciones.

Toda ampliación de un organismo de dirección representa una oportunidad para reconocer trayectorias, capacidades y méritos políticos.

No existe organización política que haya permanecido fuerte durante décadas repartiendo espacios únicamente para satisfacer equilibrios internos.

Las organizaciones que trascienden son aquellas que saben identificar nuevos liderazgos antes de que se vuelvan imprescindibles; que entienden que el poder no es un premio por el pasado, sino una responsabilidad con el futuro.

El presidente Luis Abinader ha insistido, desde el Gobierno, en la institucionalidad, la eficiencia y la modernización del Estado. Sería contradictorio que el partido que sustenta ese proyecto político no aplicara esos mismos principios cuando le corresponde renovarse.

La ampliación de la Dirección Ejecutiva representa una oportunidad para enviar un mensaje claro a toda la militancia: en el PRM el trabajo tiene consecuencias, la preparación tiene valor y el mérito sigue abriendo puertas.

Ese mensaje vale más que cualquier reforma estatutaria.

Si el criterio es incorporar capacidades y no simplemente nombres, hay dirigentes que representan fortalezas que el partido necesita de cara a la próxima década.

Uno de ellos es el doctor Víctor Atallah. Su eventual incorporación no debería sustentarse únicamente en el hecho de ocupar el Ministerio de Salud Pública. Los ministros cambian; los liderazgos permanecen.

Lo verdaderamente relevante es el tipo de liderazgo que representa.

En mayo de este año, la República Dominicana alcanzó un hecho sin precedentes al asumir la presidencia de la 79.ª Asamblea Mundial de la Salud, el máximo órgano de decisión de la Organización Mundial de la Salud. Al frente de ese escenario fue elegido el doctor Víctor Atallah.

Ese reconocimiento no pertenece exclusivamente a una persona.

Pertenece al país.

Cuando la comunidad internacional confía en un dominicano para conducir el principal foro de gobernanza sanitaria del mundo, está reconociendo capacidad de liderazgo, credibilidad e influencia institucional.

Ese prestigio también constituye un activo político para la República Dominicana.

Los partidos inteligentes entienden que los liderazgos que elevan el nombre del país también fortalecen al partido que los impulsa.

Pero Atallah aporta algo más.

Ha demostrado que todavía es posible construir liderazgo desde la gestión y no únicamente desde la confrontación.

Mientras otros dedican años a construir notoriedad, él ha construido confianza.

Y existe una diferencia enorme entre ambas.

La notoriedad puede comprarse.

La confianza solamente se gana.

En política, la confianza es un patrimonio colectivo.

El PRM no debería esperar que ese liderazgo alcance una dimensión mayor para entonces abrirle espacio en su principal organismo político.

Los liderazgos no se reconocen cuando ya son inevitables.

Se fortalecen cuando todavía están creciendo.

Otro perfil imprescindible es el de Sigmund Freund.

El delegado político ante la Junta Central Electoral no representa simplemente al partido frente al árbitro electoral.

Representa la defensa jurídica e institucional de la organización.

En una etapa donde el PRM discutirá procesos internos, reglamentos, candidaturas y estrategias electorales, resulta difícil justificar que esa experiencia permanezca fuera del principal espacio de decisión política.

También considero indispensable la presencia de Edgar Batista.

La política ya cambió.

Las estructuras partidarias también tienen que hacerlo.

Hoy un partido necesita datos, tecnología, inteligencia organizacional y transformación digital para mantenerse conectado con su militancia.

Como secretario nacional de Transformación Digital e Innovación y director general de la OGTIC, Batista representa precisamente esa visión de futuro.

La Dirección Ejecutiva también necesita pensamiento político.

Y pocas figuras reúnen esa condición como Guido Gómez Mazara.

Los partidos se debilitan cuando todos piensan igual.

La experiencia, la capacidad de análisis y el pensamiento crítico no representan un obstáculo para la unidad.

Representan una garantía de que la unidad estará sustentada sobre ideas y no únicamente sobre consensos pasajeros.

Finalmente, está Welinton Grullón.

Existe una tendencia equivocada a evaluar a los dirigentes jóvenes únicamente por su edad.

Creo que ese enfoque ya no le hace justicia.

Welinton debe analizarse por las responsabilidades que ha acumulado.

Como subsecretario nacional de Finanzas ha participado en una de las áreas estratégicas del partido.

Como administrador general de la Caja de Ahorros para Obreros ha demostrado capacidad para dirigir una institución pública.

Y al presentar sus aspiraciones a la Secretaría Nacional de Organización ha puesto sobre la mesa una discusión necesaria: cómo fortalecer territorialmente al PRM para enfrentar los desafíos de la próxima década.

Pero hay un aspecto que considero igualmente importante.

Ha asumido, de manera constante, la defensa pública del Gobierno y del partido, comprendiendo que la política también exige dar la cara cuando aparecen las críticas y no únicamente cuando llegan los aplausos.

Ese compromiso también construye organización.

Porque un partido no se sostiene solamente con quienes administran.

También se sostiene con quienes organizan, comunican, defienden y mantienen vivo el vínculo con la militancia.

Su eventual incorporación enviaría un mensaje poderoso a miles de dirigentes jóvenes: que el trabajo constante, la disciplina y la preparación sí encuentran espacio en los principales órganos de decisión.

Más allá de los nombres, la discusión sigue siendo la misma.

La Dirección Ejecutiva no necesita cinco integrantes más.
Necesita cinco razones para que la militancia siga creyendo que el mérito vale la pena.

Si esta ampliación termina siendo un simple reparto de espacios, será olvidada en pocas semanas.

Pero si se convierte en una decisión basada en capacidades, liderazgo y visión de futuro, marcará el inicio de una nueva etapa para el PRM.

Porque los partidos no trascienden por el tamaño de sus organismos.

Trascienden por el criterio con el que deciden quién merece sentarse en ellos.

Y en política, pocas decisiones hablan tanto de un partido como aquellas que revelan qué entiende por mérito.

Por Miguel Cano

Especialista en marketing y gestión de proyectos públicos

Columnista de opinión en El Nuevo Diario

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